Que es internet (y 2)

Ese pueblecito entrañable “es” internet

Pues sí. Es una simplificación pero voy a explicarlo para que la metáfora se entienda.

Internet no es más (ni menos) que un montón de ordenadores conectados entre sí. Muchos ordenadores. Pero muchos, muchos. Cada uno de ellos contiene información (normalmente páginas web aunque también otras cosas) que se comparte para que otro ordenador pueda acceder a ella. A estos ordenadores se les llama servidores porque sirven, entregan la información requerida a aquellos que la piden. Los caminos que recorre Francisco (en realidad su avatar, ése que lleva su identificador J11, Francisco realmente no sale de su casa) son las conexiones que unen los ordenadores entre sí. Estas conexiones pueden ser físicas, tangibles, como los cables de teléfono o fibra óptica o bien físicas también pero no tangibles, como son la transmisión de datos vía wifi o vía 4G cuando usamos nuestro móvil o tablet.

Cada una de las casas del entrañable pueblecito es, como digo, un servidor que contiene una parte amigable que el usuario utiliza para comunicarse con este ordenador y que es la página web que abrimos al buscar, por ejemplo, la tienda de mi franquicia: www.microsshop.com. Pero en ese servidor no sólo se guardan imágenes y textos (y “un programa” que va almacenando el pedido, y hace los cálculos de la cesta de la compra, entre otras cosas) sino que también guarda un fichero pdf en una carpeta determinada. La página web muestra en un lateral un mensaje que pone “Descarga nuestro catálogo” y, al pinchar allí, el programa se encarga de buscar en el disco duro del servidor el catálogo de manera que, después de pinchar sobre la imagen, nos copia este catálogo en nuesro ordenador. Y al igual que un documento pdf, puede ser un vídeo, música, una imagen, un archivo comprimido (un paquetito) con varias fotos, un programa o cualquier otro archivo que esté en dicho servidor y que el creador de la página haya querido compartir colocando un botón con el que acceder a él. Si el creador no coloca ese botón, en principio el resto de información de ese ordenador no es accesible por el visitante. En el caso de las casas del pueblecito, Francisco siempre entra en ellas a través de la puerta principal que da acceso a una sala o lugar público en el que lee mensajes, comprueba su correo o pide la pizza, pero el edificio tiene otras habitaciones donde se almacenan la harina, el tomate, el queso y demás ingredientes y otra donde se cocina la pizza y a ésas el visitante no está autorizado a entrar.

Como bien puede haber supuesto el lector, las casas que visita Francisco en su recorrido son:

  • R: Redes sociales. Cualquiera de las más habituales como Facebook, Twitter, Instagram. E incluso podría ser Google +. Si eres uno de los tres usuarios que la utiliza, coméntanos qué se siente.
  • C: Comida. Cualquier empresa de comida a domicilio, ya sea grande o de barrio.
  • D: Diarios. Ya sea un periódico, nacional, regional, privado, comercial, grauito…
  • G: Correo electrónico. Aunque, dado que la C la había ocupado con Comida, pensé en Gmail, que es el correo que más se usa últimamente especialmente porque TODOS los móviles con Android (o sea, todos menos iPhone) necesitan de una cuenta de estas.
  • V: Vídeos online. No sólo de Youtube, sino también Vimeo, por ejemplo y otras plataformas que dan este servicio, aunque la primera es la más extendida y famosa.
  • S: Servidor. En este caso, el usuario que tiene su casita para sus charlas es en realidad un bloguero particular (como pueda ser esta misma página de PixworD) en la que quien escribe, el dueño de la página, no puede tener un servidor propio y lo que hace es contactar con una empresa que tiene uno y ésta le “alquila” un pequeño espacio. Como un camping, en el que existe un dueño del terreno y lo que hace es aquilar unos metros cuadrados a quien quiera colocarse allí. De hecho, el ponente de la charla (el bloguero) pide a los que discuten que vayan a otra sala a hacerlo, o sea a un foro, o sea, a otra página que puede estar en ese mismo servidor que el blog o no pero que, seguramente, sea también una parcelita de otro camping.
  • N: Netflix. Por ser la más famosa a día de hoy, pero existen muchas otras plataformas que ofrecen, por un precio mensual o incluso por un alquiler puntual, el poder ver series y películas de un catálogo.
  • E: Emule. Descargas, ilegales, por supuesto. Las películas, música, imágenes tienen derechos de autor, o sea, alguien compone una canción o realiza una foto o participa en una película y, por ello, le pertenece, en parte o toda. Si uno consigue una serie o una película de una página en la que no está pagando por ella, la está consiguiendo de manera ilegal. En estas páginas se pueden ver online (o sea, en la propia casa, por así decirlo) o descargarlas (llevársela a casa para verla en el momento que uno quiera)
  • P: Porno (Porsupuesto). Internet, como la vida real, está repleta de negocios legales, negocios ilegales, negocios semilegales, de gente amable, gente no tan amable, y, por supuesto, en la vida hay sexo. De hecho, sin sexo no habría vida. Tan simple como eso. Y en internet también hay sexo. Y en algunos sitios, como en la casa P a la que llega Francisco, existe una parte visible, atractiva, que te deja con la miel en los labios para que, si quieres más, pagues por ello.

Y ésos son algunos ejemplos de sitios de internet aunque hay bastante más que no he puesto por no hacer más extensa la primera parte de lo que debía: chats, webs de empresas, nubes de almacenamiento (a las que dedicaré una entrada específica), universidades, academias online…

La última parte de la entrada anterior, la que habla de la identificación que yo he hecho como J11 o M73, es quizá la que necesita algo de explicación más detallada. Cuando uno accede a internet lo hace a través de un dispositivo que realiza la conexión entre nosotros (nuestra casa) y los caminos que llevan a las demás casas (páginas web, por hacerlo simple). Ese dispositivo puede ser un router en el caso de una vivienda o un móvil como nuestro smartphone. A ambos aparatos, la empresa que nos proporciona el servicio a internet (Movistar, Orange, Vodafone como las más importantes en España aunque hay muchas más) asigna al router o al móvil lo que se llama una dirección IP, o sea, la identificación que yo simplifiqué como J11 pero que en realidad son cuatro o seis grupos e números y letras. Esa identificación la guarda nuestra compañía de tal manera que, aunque en un chat podamos entrar e identificarnos como MaduritoImponente y estemos hablando con una RubiaSexy, la página del chat guarda las IPs de uno y otro durante unos meses. Y si Rubia cree que Madurito le ha acosado y le denuncia, la policía pedirá al dueño del chat que le dé las IPs de ambos para, con esa información, acudir a las compañías de internet y que les den los titulares de los contratos de dichas IPs. En el caso de un router, todos los dispositivos conectados a él (un ordenador de sobremesa, dos portátiles, cuatro móviles y dos tablets en una casa) tienen todos la misma IP, la del router, de manera que no se podrían saber quién de esa vivienda era en realidad Madurito (aunque la esposa lo sospeche). Y no sólo eso, si un vecino averigua la contraseña de nuestro router y se conecta a él y hace cualquier barbaridad en internet, la IP que quedará grabada en las “casas” que visite será la nuestra, la de nuestro router, así que seremos nosotros los culpables en principio. Cuidado entonces con las contraseñas fáciles.

Por último, una consideración. Al final del relato de la primera parte, se dice que Francisco cambia de casa y se muda. Aunque allí no lo diga, supongamos que es a la A. Cambiará si IP (pasará de ser J11 a M73) pero como esa casa también tiene conexión a internet, o sea, hay un camino desde su puerta hacia el pueblo, podrá seguir accediendo a sus mismos servicios: podrá leer su correo, podrá seguir entrando a Facebook, podrá seguir comprando online en Microsshop, sólo con utilizar el usuario y la contraseña de cada uno de los sitios a los que entremos. Esto quiere decir que ni Facebook, ni Twitter, ni el correo (ya sea Gmail, Hotmail o cualquier otro), ni las demás páginas están en nuestro ordenador, sino que usamos el ordenador (o el móvil o la tablet) para, mediante los caminos adecuados, acceder a estos sitios, da igual que estemos aquí o en China. Espero que con la comparación del pueblo y de ir de casa en casa quede claro.