Que es internet

PixworD. Que es internet
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Un pueblecito entrañable

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Hagamos un viaje a este pequeño pueblo y veamos cómo viven sus vecinos. Es un extraño pueblo, pequeñito pero, como veremos luego, lleno de servicios y en el que a más de uno le gustaría vivir. De hecho, ya vivimos en él. Pero no adelantemos acontecimientos.

Francisco vive en la casa que tiene una letra F. Esa mañana había salido soleada y Francisco se aburría viendo que no había nada interesante en la tele, (¿alguna vez lo hay?) así que decidió salir para buscar algo con lo que entretenerse. Para ello, salió a la calle y se dirigió a la R, donde se reúnen vecinos del pueblo para charlar sobre aquello que les gusta. En un tablón colocan, sujeto con una chincheta, un papel con su opinión sobre un tema de actualidad, o un anuncio de la obra de teatro que se va a representar, o publicidad de su propio negocio, o bien una foto sobre su reciente viaje durante el pasado puente. El resto de vecinos coloca a su vez un nuevo papel debajo del original en el que escriben un comentario del anuncio original. Así, Francisco se ha enterado que Antonia no está de acuerdo con lo que está haciendo el gobierno y que Luis le ha respondido que seguramente los de Antonia no lo harían mejor. También se ha enterado de que MariMar ha recuperado su perro, que se había perdido, gracias a la colaboración de sus vecinos. Y le ha entrado hambre al ver la foto que Marta ha compartido de la pizza que se comió hace unos días.

Ese hambre conduce a Francisco a la casa C. Una vez allí, comprueba que venden pizzas y que tienen, al menos en la carta, un aspecto tan apetecible como la que Marta se comió. Pide una de atún y anchoas (y una botella de agua grande, para combatir la sed) y, mientras espera que se la preparen, decide leer noticias, pero no ya en R, de donde no se fía mucho ya que cada uno habla muy bien “de los suyos” y critica con dureza y hasta crueldad “a los otros”, sino en un periódico local, al que, en principio, se le supone algo más de objetividad.

Así, camina hasta la D, entra allí y descubre con placer e ilusión que su equipo, que hasta el año pasado no ganaba ni en los entrenamientos, ahora va segundo en la liga. Además, los políticos siguen a lo suyo, que no es lo de los demás ciudadanos. Y en cultura, Francisco lee que van a estrenar una nueva película de Star Wars que dicen que cuenta lo que ocurrió entre la Rogue one (que era la sexta) y la El retorno del Jedi (que era la segunda, bueno, o la quinta, como quieras verlo). Se ve que hasta en Disney se han liado ya con la numeración

Dado que no hay más noticias que le interesen, decide mientras sigue esperando su pizza, revisar si tiene algún correo nuevo y, para ello, camina hasta la casa G. Sólo hay dos correos interesantes, el resto son todo publicidad e incluso en uno le dicen que es el último heredero de una dinastía de reyes africanos y que hay una fabulosa herencia esperándole pero que, para cobrarlo, necesita adelantar por su parte una cantidad en concepto de trámites legales. Como se mira con frecuencia al espejo y conoce su anatomía reproductora, sabe que no puede tener antepasados negros o sería el hazmerreír de la tribu. Rompe las cartas que no le interesan y las deposita en una papelera que, cada cierto tiempo, se encargan de vaciar. Cuando estaba rompiendo la última, recibe un aviso de la casa C para hacerle saber que ya tiene su pizza lista para que la recoja.

Ya con la comida en la mano, se acerca a la casa V. Ésta es una casa especial porque en ella cada uno de los vecinos del pueblo tiene un cuarto propio en el que exponen sus grabaciones. Uno puede entrar a esa casa y moverse por los cuartos reproduciendo los vídeos que sus usuarios han compartido allí. Hay un vecino muy mañoso que comparte vídeos de carpintería y bricolaje, una que muestra cómo hacer regates con el balón, otro que le vino justo sacarse la primaria comparte sus vídeos sobre una conspiración que él sólo conoce y que tiene que ver con los Sugus de piña, que eran azules. Según él, la piña en origen era azul y de ahí que el fabricante de caramelos usara ese color. Pero las radiaciones de los teléfonos móviles mutaron el adn de las piñas y se volvieron amarillas, casi blancas. Lo mejor es que dice tener pruebas de todo ello pero que, si las enseña, “ellos” acabarían con su vida. Y también hay algunos otros vecinos que ni siquiera se sacaron la primaria y que sólo alcanzan a hablar de banalidades en sus vídeos pero que, sorprendentemente, son los que más demanda tienen.

Ya se hacía hora de volver pero decidió entrar a un par de casas más antes de regresar. A Francisco le gusta salir a caminar en otoño por los montes cercanos y recorrer sus senderos. Lo que ocurre es que no conoce los nombres de las plantas y los árboles de los bosques. Es por eso que suele entrar en uno de los adosados de S donde un vecino da charlas sobre la flora local. Precisamente cuando entra acaba de terminar una nueva charla sobre los níscalos de temporada y cómo detectarlos. Ahora es el turno de los oyentes, que se enzarzan en una discusión sobre si la palabra correcta es rebollón o robellón. El primero dice que el segundo no tiene ni idea y que además, el que ha dado la charla tampoco mucha, ya que en su pueblo siempre se ha dicho rebollón. El segundo le rebate diciendo que tal vez sea robellón el nombre adecuado por su color oxidado (rovell en valenciano). El primero le insiste al segundo en que no tiene ni idea y que si quiere envenenarse allá él. El conferenciante por su parte trata de poner fin a la discusión diciendo que su charla no pretendía generar controversias y que, si quieren discutir, al lado hay un foro en el que serán bienvenidos.

Y por fin, Francisco vuelve a casa, contento por lo que ha descubierto en su recorrido aunque, más que descubrimientos, esa caminata ha logrado entretenerle y hacer que su mañana pasara más rápida. De regreso, pasa frente a la casa N y decide que le apetece ver una película esa tarde. Sin embargo, lo que no le apetece tanto es la opción de tener que pagar por verla así que pasa de largo y camina hasta un callejón en el que encuentra la casa E. Ahí puede quedarse a ver una película o incluso llevársela a casa para pasar la tarde pero en este caso sin pagar. Eso sí, debe tener cuidado porque desde el momento en que entra le abordan comerciales que prometen curar su impotencia (¿cómo lo habrán sabido?), o regalarle no uno, ni dos, ni tres, sino cincuenta móviles de última generación sólo por contestar a una pequeña encuesta en la que le pedirán su cuenta de banco, aunque él no entienda para qué la necesitan si lo que van a hacer es regalarle el móvil. Entre esa multitud, como visitante experimentado, es capaz de moverse y llegar hasta el montón donde están las películas. Debe mirar y escoger con cuidado porque algunas no están completas, otras en idioma original y otras son más publicidad como la que le entretiene cuando entra. Por fin logra coger una que parece que es correcta y ahora sí, vuelve a casa.

Sin embargo, a la vuelta, no puede resistirse y se desvía para ir a la casa P y echa una mirada por la ventana que los dueños dejan siempre abierta. No se ve mucho, pero es lo suficientemente atractivo como para que algún vecino acabe por entrar, porque, oye, todos tenemos necesidades. No es el caso de Francisco que, con lo que ha visto por la ventana ha satisfecho su morbo y toma ya el camino de regreso a casa.

Al principio del relato dije que era un pueblo algo extraño y eso es así porque cuando Francisco sale a caminar por su calles, no es su nombre real el que ven los demás paseantes, sino una identificación formada por la letra inicial de su calle y el número, J11 en su caso. Así, cuando Francisco se mueve por el pueblo, en cada casa a la que entra, queda registrada su visita esta identificación. El dueño de la casa no tiene por qué saber a quién corresponde la identificación J11, por lo que Francisco, al entrar, puede incluso cambiar su nombre y decir que se llama Federico. Y esta máscara puede resultar conveniente en casas como, por ejemplo, la P. Sin embargo, si Francisco cometiera alguna infracción en una de las casas y el dueño lo denunciara, existe en el pueblo una entidad que guarda un registro de la correspondencia entre la identificación y el nombre real, de manera que sea posible encontrar quién se “ocultaba” tras el nombre de Federico.

Y si un día Francisco decide mudarse a otra casa y ahora su identificación es M73, la entidad que guarda las equivalencias añadiría que, hasta la fecha del cambio de domicilio, Francisco era la J11 y, después de mudarse, pasa a ser la M73. Pero, aun así, Francisco podría seguir accediendo a todas las casas del pueblo desde su nueva casa.

Y hasta aquí la primera parte del relato. Supongo que quien lea esta historia habrá identificado que cada una de las casas en realidad se trataba de una página web. Sea así o no, recomiendo volver a leerla con esta idea en la cabeza y tratando de identificar qué página web es cada una de las casas. En la próxima entrada explicaré en detalle no sólo esa conversión sino más cosas, espero que interesantes.

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Hasta la BITta.